viernes, 8 de mayo de 2015

Volverá abril

Abril,
has pasado cómo una daga
sobre la piel ingenua de un infante
dejándome seca en el silencio sin lluvia de los que vieron tu luz por vez primera;
no he podido sentarme bajo los brillos que cuelan sus dedos por entre tus ramas
ni he sabido enfrentarme a la materia blanca que soporta este espejo.
Ahora que ya te marchas
y te llevas la sonrisa de los lirios que vivieron de la tierra de mis días,
ahora abril
te volveré a esperar con más deseo,
porque cuanto más tiempo pasa
más amado es tu recuerdo.
Abril,
no te olvides de mí...




Ilustradora Daria Petrilli, Italia.

Poemas suicidas

Mi sombra planea
sobre el eco de los arrabales
que surgen en las axilas
de los poemas enfermos,
malsanos,
insanos
que evitan el mórbido sol
de los jardines de Adonis
y dejan huella infecciosa
en los ventrículos proscritos
que huyen de la mediocridad.

Intuyen estos insalubres afectados

lo que desconocen sus virus,
virginales e invisibles,
patógenos en pos de una liberación
que solo se obtiene con la muerte,
donde ya no existe extrarradio
para construir sus chabolas.

Educandos de la enajenación,

postulantes estigmatizados
por el hierro de la sinrazón,
con razón suficiente 
para  dejar desmesuras
al albedrío de los gatos
que viven sus séptimas vidas.
No están idos 
ni regresados,
tal vez viajan infectados
por el hedor apasionado
del infierno que ignoramos;
tal vez, 
sin sus esputos,
no sería poesía 
la tormenta al mediodía
ni la hipertensión de la lluvia
golpeando esta mejilla.

Suicidas,

mis poemas suicidas,
enfermos de amor amado,
heridos que hieren sus heridas,
impacientes pacientes
en los hospitales de la melancolía.


Ilustración digital de Cyril Rolando, París (Francia).













lunes, 4 de mayo de 2015

Sin sentido

La paciencia no resuelve los conflictos de esta mente,
ni clausura los espacios sin fronteras 
que se han hecho amigos de los sentidos sin sentido.

No hay dominios

ni conocimientos
sólo vacías valijas 
de piel subhumana.

No sentir.
No sentirse ser.
No sentirse ni hombre
ni mujer.
No sentir que se sabe lo que se siente,
no sentirse de este lugar ni de ningún otro.

No sentir ambigüedad,

no sentirse humano ni animal.
No sentir el ego de la supervivencia.
No sentirse 
ni sonido
ni palabra,
ni fuego
ni agua,
no sentirse ni recuerdo.

No sentir
la libertad de la mano,
ni sentirse atrapada.

No sentirse sentada en la línea divisoria,

no sentirse con el muro que divide.

No sentir.

No sentir no carece de sentido.
El sin sentido es creer que no se siente.




Ilustración de Andrew Ferez, residente en Moscú (Rusia).