viernes, 27 de febrero de 2015

Proemio para ópera prima


A turnos con la vida,
en rotaciones anárquicas  
que fluctúan
de sugerencias destiladas 
a estricninas,
dándome la muerte, 
perforando heridas.
Turnos diurnos 
planeando exterminios.
Turnos nocturnos
coleccionando infortunios;
este mecanismo 
percuta balas dormidas
en el dintel de tu puerta.



Tendría que haber empezado
pero este reloj se ha parado...



Puedo escuchar la niebla
arañando la madrugada.
Ya no me oculta nada.
A través de su garganta,
en mi locura, 
siembra su crápula etérea.

Muchachas tristes
a turnos con la vida
se disputan los horarios.
Unas quieren ser principios,
testigos de un homicidio 
viviendo en edificios 
de papel mal fotocopiado.
Otras el centro del arrebato,
matizando confecciones
en cuerpos desamparados.



Tendría que haber comenzado
pero no se que hora es...



A turnos discontinuos,
hoy empiezo 
hoy lo dejo;
a turnos con el tiempo,
involuntarios esfuerzos,
inoportunos deseos.



No importa que sea tarde
voy a escribir sin demorarme.


Arte 3D de Meats Meier, animador e ilustrador freelance de Los Ángeles
(California).


lunes, 2 de febrero de 2015

Suerte de coplas

Tú estabas ahí sentado y no conocías el nombre de las cosas que iban a venir, o eso pensaba yo. Realmente no teníamos consciencia de que todo llega. Éramos incautos en estos devenires. Nos creemos libres deseando, cuando sólo somos prisioneros  de nuestros deseos; deseos humanos de amantes que anudan sus vidas con un lazo corredero del que más tarde o más temprano tendrán que desprenderse. Nuestros cuerpos mortales perecen. Nuestras mentes abstractas viven para siempre en el aire que algún día exhalamos y más tarde, al tiempo requerido, volvemos a inspirar.
De ti me queda el murmullo de tu aroma y lo que quise olvidar. Me queda la impronta de las noches sin dormir, para bien o para mal. No puedo dejar de pensarte y quisiera más y más de ti. A veces pienso que te escuché poco, porque a poco me saben los recuerdos y mi necesidad es otra. Mi necesidad es volver a la puerta de entrada de tu vida, a los mejores años de la mía, a tu salud o a tu enfermedad,  a tu lado, a tu aventura escrita sobre la piel de mis labios.
La vida fue tan dura contigo. Tanta vitalidad fue consumiéndose como una cerilla en mis manos dejando un simulacro de ti.
Mi cabeza dolorida se castiga con los vacíos que has ido dejando. No quiero llenarlos. En esos espacios lloro, grito, pataleo y sangro gotas del amor que me has ido dando. Gotas que llueven sobre mi pelo que tanto has enredado. No quiero llenarlos.
Muchas veces quiero contarte y canto. Vivo entre coplas robadas y versos musicalizados. ¡Que acertado el refranero con sus dimes y "diretes"!: "Quién canta su mal espanta". Y así, cantando, mi alma te alcanza , me da fuerzas ante tanta asechanza que día a día me surge, y que tú, sentado ahí, hace algún tiempo ya me advertiste, y yo, sonriendo, sólo veía tu cara cuando tu razón hablaba.

Jugué y todo lo aposté
a la suerte de tu querer,
 entera a ella me  entregué
convencida de no perder.

Gané tanto como amé
y amé cómo si no hubiera fin,
por un amor como aquél
adicta a este juego me vi.

Pero ganar y perder
son caprichos de la suerte
y sin que pierda el querer
gana a caprichosa la muerte.

Mi suerte fue quererte
y tenerte aquí a mi lado;
mi suerte fue tenerte
pero ahora se ha acabado.




El  desafío, pintura al óleo de Marina Dieul,  Francia 1971.