viernes, 14 de marzo de 2014

EL ÚLTIMO BAILE


   Han empezado a calmarse los vientos y aún sigo frente al mismo montón de vasos a medio beber. Los botes de color languidecen, chorrean junto a los trapos atestados de aguarrás: cromáticos deseos desgarrados. 
   Sentada en el mismo lugar de la tarde anterior, como si aún estuvieras allí, el negro velo de la noche se ha confeccionado lentamente abarcando de lleno la monstruosa mugre que se instala fuera. Parece que no se desvanece la idea de dormir, un par de horas, pero no es así.
   La tenue luz de la mañana me llama. Mi voz emponzoñada araña palabras de las manos que limpian el polvo austero y rebelde que se engendra en las dudas.La rabia es una herida de sangre blanda, ideas afiladas que se deslizaban sobre las muñecas, virutas de estiércol, un impacto de dolor que inunda las sienes. La media luz se convierte en oscuridad infinita.
   El dulce sabor de la vida debió de ahorcarse en alguna parte de la que no tengo referencia y su lengua ha embadurnado las alcobas con un sentimiento amargo, un sabor enfermo, una fiebre imaginaria que se desplaza lenta hacia el dolor de la espera, un desfile de lirios sobre alambres tristes.
   
   Nunca fuímos a las plazas ni nos mojamos la piel en los surtidores. Allí solo había masas perfiladas en gris mohoso y alientos ambiguos, coreografías falsas. No nos hicieron falta para bailar hasta perder el sentidoPero el último baile no hizo más que empezar y una triste melodía  nos alejó del compás. Fue entonces cuando el aire, perturbado, se declaró vendaval.  


Tomasz  Alen Kopera, Polonia 1976.

Aceptar

Cuando uno acepta, 
irremediablemente,
que tiene que morir
no sé si tiene más ganas
de seguir viviendo
o de salir corriendo 
hacia ese momento
razonablemente verdadero.
Uno lo sabe,
no necesita especialista
que le informe de este suceso.
Quien se siente civilizado,
en contadas ocasiones
le da valor a este hecho,
porque todo le viene dado,
y exige su derecho
a no enfrentarse a su destino,
porque se cree dueño de él.
Algunos me tacharéis de fatalista,
o de tener una actitud derrotista.
Nada más allá de mi intención.
Aceptar
no es simplemente conformarse,
es, de manera voluntaria,
recibir y tomar,
conquistar y mejorar.
De los ojos de los que ya no son,
los que aún estamos,
aprendemos,
unos más y otros menos.
Morir
se muere un poco cada día.
Dejar de ser lo que somos
sólo es un instante;
quizá sea por esta circunstancia
que no sepamos vivir,
coexistir,
ya que instante y todo el tiempo
no aceptamos que es lo mismo.
Uno lo sabe
cuando deja de ser civilizado,
cuando se convierte en un asceta,
porque nada le viene dado,
porque no exige y se enfrenta
a su sino sin adueñarse,
viviendo razonablemente
de forma irremediable.

Pintura de Siegfried Zademack, Alemania 1952.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Susurrando...


Restos 
de un lobo sin manada,
murmullo de racimos que devoran 
y enamoran
subidos a las mañanas de este silencio
que pronuncia tu voz.

Susurros 
añadidos al alimento de mi alma,
sobras en ropa vieja que abrigan
y descalzan,
dobladas en los armarios
vacíos de tu ilusión. 

Escribo
porque entiendo el aullido que me alcanza,
el veneno que me daba
la mordaza de tu amor...
... y callo
porque en esta mesa no se habla
si no es para volver a amar
al que guardó las palabras
en el bosque de mi necesidad.

¡Benditos restos que suman susurros,
murmullos engendrando piedad!

¡Benditos asesinos de los suicidas 
que cuelgan de esta soledad!




Pintura de Zdzislaw Beksinski, Polonia 1929-2005