jueves, 26 de diciembre de 2013

Tiempo de viento

Me he sentado en un páramo
sujetando bambalinas;
ya no hay casita en el árbol
en la que arrullar golondrinas...
... y el alma de esta sirena
es sólo un montón de arena,
el viento
que corre y vuela
se la lleva,
se la lleva...


¿Donde irá? 
¿En que rinconcito descansarán
tantas minúsculas penas?
No tiene por costumbre el viento
desvelar  adivinanzas,
ni devolver con su grito
melodías de esperanza.

Me senté,
en aquel páramo,
y el tiempo
que corre y vuela
se lo lleva,
se lo lleva... 




                                                  Ilustración:  Sveta  Dorosheva.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Vestir de insolencia

Escupo sobre las lágrimas
que interrumpen mi náusea
porque no quiero resignación
sino insurrección y venganza.

Vomito sobre los fracasos

que han puesto fin a esta guerra
que nos mantenía alerta 
desde que abríamos los ojos
hasta que cerrábamos las puertas.

Maldigo la paz y el silencio

que han crecido en mis adentros,
como inquilinos sin techo,
negándome la locura
a la que tengo derecho.

Insulto a la doliente poeta,

desgraciada sumisa marioneta
que no escucha mis ofensas,
sus ojos lloran palabras
bajo una tormenta de quejas.

Violento a los verbos perdidos,

a los recuerdos que exprimo;
querer 
poder 
saber
no se acuerdan de que existo
si no profano sus nichos,
pisoteando tristes flores
cortadas para sus hijos.

No,

no me digas que no es justo,
porque la justicia es un símbolo
que balancea en la ceguera,
un vacío que nada de espaldas
en una letrina infectada.

No,

no me pidas que sea correcta
porque hilaste con la parca,
y mi único atavío
es de bizarra insolencia. 



Pintura de Pedro Lira Rencoret (1845-1912)


jueves, 5 de diciembre de 2013

El amor no se busca...

El amor no se busca,
él te encuentra.
Si te ve feliz buscando
te deja ir y venir,
según te convenga
y no llamará a tu puerta,
se quedará esperando
y en tu felicidad
tú no te darás cuenta.

El amor no se busca,
él te encuentra;
y si te encuentra agotada
de tanto ir y venir
en cuanto te detengas
llamará a tu puerta,
y sin darte cuenta
todo aquello que buscabas,
tan cerca, esperándote estaba. 

Él esperó en un silencio,
en el hueco de una roca
y al levantarse el viento
su voz tocó mi boca.
Yo descansé en esa roca
y miraba a las nubes absorta,
las dejé ir y venir
contemplando su belleza;
el viento sopló un instante
y mi boca inundó su boca.

Y aquellas alas que antes 
fueran tan sólo sugerencias,
se abrieron como los labios
de los que aman y besan.
Amores que vuelan muy alto
más allá de lo que es amado.
Amor que no busca
encuentra
más amor 
del que hubiese imaginado.




                                                             
                                                               Fotografía conceptual
                                                                    Autor: Sirombo 
                                                                        Deviantart

lunes, 2 de diciembre de 2013

Los que vienen con la noche

Existen invasores del alma,
crepúsculos depredadores que azotan los sueños,
esos que viven dentro de la botella
que un día lanzamos a los mares del tiempo.

Llegan y hacen suya toda esperanza,
y con sus gritos 
decapitan y mutilan,
y con sus lanzas
ensordecen a las aguas,
silenciosas,
que amamantan a la noche.

Para muchos 
es imposible hacerles frente;
los hijos de la necesidad
se precipitan al oscuro pozo de los aliados,
peones de un juego sin estrategia
que no encuentran en este combate
armas con las que defenderse.

Otros, hemos aprendido,
anacoretas incomprendidos,
y nuestra capacidad de defensa
es un hilo de injerencia 
entre lo que acontece 
y lo que no concebimos.

Nos adentramos en sus dominios
acercándonos a lo abstracto,
cambiando sus cosas de sitio;
exploramos sus conciencias
abriendo puertas secretas
con el poder del instinto,
el mismo que utilizamos
despiertos,
protegiendo a nuestros hijos.

Y es así como vencemos
a esas sombras aulladoras, 
improvisando en los sueños,
acechando,
viviendo como guerreros
que defienden su libertad.


Miniatura de Ronald Companoca, Arequipa (Perú) 1981.