lunes, 25 de noviembre de 2013

Cuatro paredes felices

La felicidad 
son estas cuatro paredes
testigos de nuestras quimeras.
Más allá
no hay nada
porque los ojos del alba
no quisieron que jugaras
con el reflejo del agua.

Y escribo.

Escribo sobre las voces
que caminaban por tu espalda,
sobre los caballos sin cielo
que vienen con la tinta santa,
sobre un amante perfecto
que fecundó en mi alma
tres anillos de inocencia,
del que tan sólo me quedan
la tristeza de su ausencia
y la merced 
de esta agonía inspirada.

Y sigo escribiendo

porque parar no me deja
tu presencia sobre la mesa;
porque no encuentro otra dicha
que la de perseguir sin tregua
el instinto natural
de encontrarte ante la puerta,
sin equipaje pesado,
tan sólo etérea conciencia
con registro de partícula
de ignorada procedencia.

Estas cuatro paredes

me entienden
porque conocen mi letra,
y se mantienen del roce
de infinitas alas sin respuesta,
mariposas que parecen manos
sujetando muros,
muros que nadie sospecha,
donde escribo con las uñas:
¡ Espérame,
que voy presta !


Pintura de Victor Hagea, Rumanía 1948.





viernes, 22 de noviembre de 2013

Inclinaciones voluntarias


Un deseo ingobernable se escapa
y deja de ser herida
para convertirse en niño
que corre descalzo sobre la luna;
la palabra
es una pequeña roca,
una atalaya donde divisar
los navíos cargados de despertares,
alejándose tempestivos
hacia mundos suspendidos,
sacos que esconden sutilezas
de innegables evidencias.

Y yo quisiera verlos

desde esta loca ventana,
pero la lluvia no espesa
y su rastro no deja;
sólo el viento se queja
filtrando su fino trino
en los surcos sobre mis cejas.


Santiago Caruso, Quilmes 1982 Argentina.
















lunes, 11 de noviembre de 2013

Entre las nueve y las once

A las diez 
es una buena hora;
el uno de la mano del cero,
ese que te acerca al más acá
y al menos allá.
Es el hombre solo
ante la nada del punto de origen.
Entre las nueve y las once,
entre el nacer
y ser dos unos condenados
a no viajar nunca hacia la media noche.

A las diez
siete esquinas nos separan;
ángulos de trascendencia
de amplitudes imaginarias
divisadas desde cristales
elevados a la soledad
del aire que respiro,
ese, que no sé si me ahoga,
o alimenta mis emociones
de pasiones, 
grandes pasiones,
pendientes de los rincones,
humo caliente que asciende,
se expande
y desaparece.

A las diez
nunca fue buena hora;
dejé la cena en la mesa
emanando soliloquios,
frases de libros anónimos
que ponen peso en la noria
para que ruede la vida,
falsificaciones triviales
sobre hojas numeradas
a la vuelta de cada día,
collares de cuentas impares
adornando melancolías.

Entre las nueve y las once,
entre el nacer
y ser dos unos condenados
a no viajar nunca hacia el amanecer.



Fotomanipulación de Madalina Iordache Levay, Rumanía 1982.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Inconveniente

Entre la luz y la oscuridad
me mantengo en el hilo de la penumbra,
donde el deseo
es una invidente gaviota
que choca contra el agua
antes que contra el viento,
y se sumerge en la humedad violenta
de su especie
donde el dolor
es un pedazo cosido
al vientre de las profundidades
y su ley
una tormenta dibujada
sobre párvulos renglones de inspiración.
Estar sola no es el inconveniente,
el inconveniente
es estar sin ti.




Rafal Olbinski, Polonia 1945.