lunes, 29 de julio de 2013

Humanos

Bordados sobre la espera larga de la vida
nos soportamos,
nos odiamos,
nos encontramos perdidos entre el bullicio
y el agradable aroma de la necesidad.

Doblando las frentes hacia el suelo

creemos imaginarnos,
creemos contarnos
y nos absorben la sangre en las esquinas
lamiéndonos el silencio de las bocas.

Tenemos poco de lo bello.

Tenemos los ojos hartos de naufragar a escondidas,
tenemos las manos deseosa de caricias
y los besos bajo el brazo,
los sentimientos danzando como tontos
alrededor de los cuerpos
y nadie se atreve.

Buscadores de encuentros

lanzados sin temor a la incongruencia,
todos absortos en la inspiración
buscando huellas...buscando saludos;
y de las máscaras,
con uñas pintadas de falsos encantos,
surgen mares en apariencia,
oleadas de idilios sin palabras ni gestos,
mentes de una tarde copiada de otro cuento.

Tenemos poco de lo bello

y nadie se atreve a ofrecerlo.


Serie "Superhéroes en crisis" de Belin.
Graffiti profesional sobre lienzo. Linares (España).



sábado, 20 de julio de 2013

HORIZONTE LIBRE

   Los horizontes, en la ciudad, son gigantescas masas amarillas y sucias, pasos que no escuchan, miles de trapos y plásticos alborotados en las aceras, un paseo largo inundado de parodias. En las esquinas se concentran los miembros de algún niño, la mano de su madre, la cabeza redonda del que marchó al exilio; y al abrir las piernas para comenzar a andar debes tener cuidado de no tropezar con ellos, pues hay muchos, tantos como nombres. Son todos ellos una lágrima en el abismo, un desierto de carne reseca y astillada, un pretexto. Son como tú y como yo pero otros.
  Acercarse a las afueras es llegar frente a un espejo morboso que refleja, en óvalo, el corazón canceroso de la urbe. Siempre desde este lugar se huele a muerte venidera.
   La garganta de este pueblo supura la agonía de la tarde y en verano te incita a destruir el calor que te rodea a lengüetazos burdos. El rostro lo tienes para saber quién eres y la voz no te alcanza entre las tardes uniformes. Con sólo asomarte a las ventanas percibes que la risa se quedó en el pasado y lo que ves, son como pliegues nauseabundos, agitados montes enfundados. Son así, como los pensamientos débiles, que ondulan y flagelan, alejan y son bellos. Y es aquí donde están los valles y las aguas, los manzanos y la embriaguez de las moras.
   Volver es como venir caminando de años atrás. Venir de otro tiempo surgiendo del sendero por entre los sarmientos. Aquí mentí y me mintieron, y en esos días fríos sirvió de poco escandalizarse o atacar. Se asombran los viejos, carcomidos y blandos:
- ¿Tú?, ! tan "chica" que eras ¡ - Y sin decir más, bajo la cabeza y ojalá nunca hubiera crecido.
   Una vuelta a los cinco, al juego y a la acequia ...

   Son sólo unos días y es eterna esta espera. Tenderse al fuerte sol de la tarde es como aguantar sus risas y sentirlas abrasando en las pupilas del náufrago, cada día más distantes de la esperanza, más lejos del horizonte encintado. Se han disuelto en mi frente los humos verdes que acompañaron a la reyerta y muere al fondo, con la sangre-agua a la cintura, la frase errónea, la insistente mancha que deambula de seis a ocho, o por la noche.

   Trataron de mostrarse blancos, pero sus derrames abarrotan las paredes calcáreas, ásperas, limas de hierro punzantes. Así, de nuevo, el pestilente deseo de organización brotó de los labios. Casi era el último amanecer y las manos se aferraron al aroma que tu y yo sabemos. Y la niebla era un reptil de fría córnea deslizando sus pechos de luna sobre los pinos inexistentes. Mientras, la muerte, en el columpio de la perfección, se lame los mocos de las uñas y somos una en balanceo etéreo.
   Dijeron que los vientos volverían. Serían todos y furiosos. Abandonarían el reposo y vendrían a volar las cabezas marchitas. Pero es tarde, muy tarde. Tan tarde para ir como para volver. Tarde para emprender el único viaje posible, tarde para mirar, tarde para el desgaste y el cansancio. Ni los colores ni las cosas saben que hacer para afrontarlo. Existen largas cabelleras de silencios vanos, ridículas palabras trazadas como amenazas que danzan al abrigo de esas miradas muertas. Muerte, que a la carrera se me desborda por las mejillas y la siento llegar a mi boca y gritarla. Y ese olor tuyo se va ciñendo a mis caderas y a la voz de ese náufrago, mientras mis manos están terminando con una vida, con la de todos, por medio de un ósculo insonoro, incitante y travieso, jugando siempre a andar descalzo.
  Este paisaje tardío que anochece en las olas de sueños interminables está encontrando hueco en mi mente. Este es el crepúsculo en la tierra de los mancos, de los mudos, de los cojos, de los ciegos... en la tierra de no poder conseguir un momento de soledad. En la tierra que te atrapa la sonrisa al primer intento de vencerla.
   Ellos con sus garras punzantes arrasan los campos, destruyen lo que fluye, desmoronan los cuerpos amamantándolos con su blanco hedor, con sus residuos. Son todos y son ninguno. La tarde también los conoce y nadan en un rápido de recuerdos a favor de la corriente; cuando parecen estar medio muertos se levantan y sus gruñidos acuosos te carcomen el alma. Te van preparando, quieren modelarte a su imagen. Quieren una raza única, ausente de vuelos.
   Lástima que la ventana tenga barrotes entrecruzados y que tan sólo haya un destino que nos hace libres...
   
   
PARA MI ÚNICO Y VERDADERO AMOR EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO
20-Julio-2012

lunes, 1 de julio de 2013

Lo que diría él

                                                                      I                                                                         
Usted
que es una señora,
con esas curvas
que son sendas,
sinuosas,
sin puntos de referencia,
donde mi andar
se hace agua
que recorre su piel-tierra,
objeto de mi locura,
la de este pobre poeta
que ha tentado a la guadaña
por sentirla a usted 
más cerca.

  II

Usted,
que ha expiado
todas mis culpas
con su consuelo materno,
siendo la primogénita
de este fastuoso infierno
en el que hiervo contento;
ángel de mi infancia adulta, 
al que dejé levantar el vuelo
robándole algunas plumas
con las que escribo estos versos,
cerca de sus oídos
que son caracoles mudos
que con mi lengua despierto.

III

Usted, señora,
que remienda mis sueños rotos
con el hilo de su boca,
que volverá a volar sola;
cuídese de los caníbales
que devoran a deshoras,
que lo que anduvimos juntos
es recelo de mediocres
que esperan mi hora corta;
usted, 
que es una señora,
ya sabe lo que le digo,
que somos uno en lo mismo
y lo demás es otra cosa.


Arte digital de Marcela Bolivar,  Cali (Colombia).