jueves, 26 de diciembre de 2013

Tiempo de viento

Me he sentado en un páramo
sujetando bambalinas;
ya no hay casita en el árbol
en la que arrullar golondrinas...
... y el alma de esta sirena
es sólo un montón de arena,
el viento
que corre y vuela
se la lleva,
se la lleva...


¿Donde irá? 
¿En que rinconcito descansarán
tantas minúsculas penas?
No tiene por costumbre el viento
desvelar  adivinanzas,
ni devolver con su grito
melodías de esperanza.

Me senté,
en aquel páramo,
y el tiempo
que corre y vuela
se lo lleva,
se lo lleva... 




                                                  Ilustración:  Sveta  Dorosheva.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Vestir de insolencia

Escupo sobre las lágrimas
que interrumpen mi náusea
porque no quiero resignación
sino insurrección y venganza.

Vomito sobre los fracasos

que han puesto fin a esta guerra
que nos mantenía alerta 
desde que abríamos los ojos
hasta que cerrábamos las puertas.

Maldigo la paz y el silencio

que han crecido en mis adentros,
como inquilinos sin techo,
negándome la locura
a la que tengo derecho.

Insulto a la doliente poeta,

desgraciada sumisa marioneta
que no escucha mis ofensas,
sus ojos lloran palabras
bajo una tormenta de quejas.

Violento a los verbos perdidos,

a los recuerdos que exprimo;
querer 
poder 
saber
no se acuerdan de que existo
si no profano sus nichos,
pisoteando tristes flores
cortadas para sus hijos.

No,

no me digas que no es justo,
porque la justicia es un símbolo
que balancea en la ceguera,
un vacío que nada de espaldas
en una letrina infectada.

No,

no me pidas que sea correcta
porque hilaste con la parca,
y mi único atavío
es de bizarra insolencia. 



Pintura de Pedro Lira Rencoret (1845-1912)


jueves, 5 de diciembre de 2013

El amor no se busca...

El amor no se busca,
él te encuentra.
Si te ve feliz buscando
te deja ir y venir,
según te convenga
y no llamará a tu puerta,
se quedará esperando
y en tu felicidad
tú no te darás cuenta.

El amor no se busca,
él te encuentra;
y si te encuentra agotada
de tanto ir y venir
en cuanto te detengas
llamará a tu puerta,
y sin darte cuenta
todo aquello que buscabas,
tan cerca, esperándote estaba. 

Él esperó en un silencio,
en el hueco de una roca
y al levantarse el viento
su voz tocó mi boca.
Yo descansé en esa roca
y miraba a las nubes absorta,
las dejé ir y venir
contemplando su belleza;
el viento sopló un instante
y mi boca inundó su boca.

Y aquellas alas que antes 
fueran tan sólo sugerencias,
se abrieron como los labios
de los que aman y besan.
Amores que vuelan muy alto
más allá de lo que es amado.
Amor que no busca
encuentra
más amor 
del que hubiese imaginado.




                                                             
                                                               Fotografía conceptual
                                                                    Autor: Sirombo 
                                                                        Deviantart

lunes, 2 de diciembre de 2013

Los que vienen con la noche

Existen invasores del alma,
crepúsculos depredadores que azotan los sueños,
esos que viven dentro de la botella
que un día lanzamos a los mares del tiempo.

Llegan y hacen suya toda esperanza,
y con sus gritos 
decapitan y mutilan,
y con sus lanzas
ensordecen a las aguas,
silenciosas,
que amamantan a la noche.

Para muchos 
es imposible hacerles frente;
los hijos de la necesidad
se precipitan al oscuro pozo de los aliados,
peones de un juego sin estrategia
que no encuentran en este combate
armas con las que defenderse.

Otros, hemos aprendido,
anacoretas incomprendidos,
y nuestra capacidad de defensa
es un hilo de injerencia 
entre lo que acontece 
y lo que no concebimos.

Nos adentramos en sus dominios
acercándonos a lo abstracto,
cambiando sus cosas de sitio;
exploramos sus conciencias
abriendo puertas secretas
con el poder del instinto,
el mismo que utilizamos
despiertos,
protegiendo a nuestros hijos.

Y es así como vencemos
a esas sombras aulladoras, 
improvisando en los sueños,
acechando,
viviendo como guerreros
que defienden su libertad.


Miniatura de Ronald Companoca, Arequipa (Perú) 1981.









lunes, 25 de noviembre de 2013

Cuatro paredes felices

La felicidad 
son estas cuatro paredes
testigos de nuestras quimeras.
Más allá
no hay nada
porque los ojos del alba
no quisieron que jugaras
con el reflejo del agua.

Y escribo.

Escribo sobre las voces
que caminaban por tu espalda,
sobre los caballos sin cielo
que vienen con la tinta santa,
sobre un amante perfecto
que fecundó en mi alma
tres anillos de inocencia,
del que tan sólo me quedan
la tristeza de su ausencia
y la merced 
de esta agonía inspirada.

Y sigo escribiendo

porque parar no me deja
tu presencia sobre la mesa;
porque no encuentro otra dicha
que la de perseguir sin tregua
el instinto natural
de encontrarte ante la puerta,
sin equipaje pesado,
tan sólo etérea conciencia
con registro de partícula
de ignorada procedencia.

Estas cuatro paredes

me entienden
porque conocen mi letra,
y se mantienen del roce
de infinitas alas sin respuesta,
mariposas que parecen manos
sujetando muros,
muros que nadie sospecha,
donde escribo con las uñas:
¡ Espérame,
que voy presta !


Pintura de Victor Hagea, Rumanía 1948.





viernes, 22 de noviembre de 2013

Inclinaciones voluntarias


Un deseo ingobernable se escapa
y deja de ser herida
para convertirse en niño
que corre descalzo sobre la luna;
la palabra
es una pequeña roca,
una atalaya donde divisar
los navíos cargados de despertares,
alejándose tempestivos
hacia mundos suspendidos,
sacos que esconden sutilezas
de innegables evidencias.

Y yo quisiera verlos

desde esta loca ventana,
pero la lluvia no espesa
y su rastro no deja;
sólo el viento se queja
filtrando su fino trino
en los surcos sobre mis cejas.


Santiago Caruso, Quilmes 1982 Argentina.
















lunes, 11 de noviembre de 2013

Entre las nueve y las once

A las diez 
es una buena hora;
el uno de la mano del cero,
ese que te acerca al más acá
y al menos allá.
Es el hombre solo
ante la nada del punto de origen.
Entre las nueve y las once,
entre el nacer
y ser dos unos condenados
a no viajar nunca hacia la media noche.

A las diez
siete esquinas nos separan;
ángulos de trascendencia
de amplitudes imaginarias
divisadas desde cristales
elevados a la soledad
del aire que respiro,
ese, que no sé si me ahoga,
o alimenta mis emociones
de pasiones, 
grandes pasiones,
pendientes de los rincones,
humo caliente que asciende,
se expande
y desaparece.

A las diez
nunca fue buena hora;
dejé la cena en la mesa
emanando soliloquios,
frases de libros anónimos
que ponen peso en la noria
para que ruede la vida,
falsificaciones triviales
sobre hojas numeradas
a la vuelta de cada día,
collares de cuentas impares
adornando melancolías.

Entre las nueve y las once,
entre el nacer
y ser dos unos condenados
a no viajar nunca hacia el amanecer.



Fotomanipulación de Madalina Iordache Levay, Rumanía 1982.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Inconveniente

Entre la luz y la oscuridad
me mantengo en el hilo de la penumbra,
donde el deseo
es una invidente gaviota
que choca contra el agua
antes que contra el viento,
y se sumerge en la humedad violenta
de su especie
donde el dolor
es un pedazo cosido
al vientre de las profundidades
y su ley
una tormenta dibujada
sobre párvulos renglones de inspiración.
Estar sola no es el inconveniente,
el inconveniente
es estar sin ti.




Rafal Olbinski, Polonia 1945.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sin esperar

Ya no espero más
que lo que tenga que llegar:
el amanecer que no veo
en esta selva de asfalto,
la brisa del mar que a veces
se deja caer por el barrio,
la sombra de las nubes
proyectada en el patio,
sólo eso.
Después de tí 
ya no espero más 
que el ocaso,
que no sé a que hora llegará,
el último aliento
que no puedo ni imaginar,
esa luz que inventan
y tal vez un final.

Después de no esperar más
te encuentro en cada palabra,
en toda secuencia larga
que arrastro como una estela
cuando elevo mi descontento
del averno en el que desespero.

Ya no quiero más
que lo que tenga que llegar:
el otoño y sus hijas,
las lluvias y las amanitas;
mis pies sobre las hojas
descubriendo la eternidad,
esa en la que vivo y muero,
nada más.

Después de tí 
ando yo detrás,
sin esperar.


Detalle Collage digital de Randy Mora , Colombia 1986.












viernes, 6 de septiembre de 2013

Código Postal

Cuando me siento aquí
veo tu nombre y apellidos
sin domicilio donde escribirte,
y en mi mente
el código postal son cinco letras
que pasaron instintivas
de tu boca a la mía:
te amo.
Y aquello que nunca fueron dígitos
de correspondencia oral,
es membrete de la hoja
en la que escribo,
signos convertidos
en palabras sin sonido
orientadas a tu exilio:
mi amo.




Pintura de Cornelis Norbertus Gysbrechts, 
Amberes  (Bélgica) 1630-1683. 

viernes, 30 de agosto de 2013

Alguien dice...

¿ Quién ha dicho que la tarde ensombrece las miradas?
- Yo lo he dicho.
- Anda, ve y suelta a tu perro,
y que despierte a la luna,
a ver si ella piensa lo mismo 
de los amantes que se miran
antes del anochecer.

¿Quién dice que en la mañana se ven las cosas más claras?
- Yo lo digo.
- Levántate al alba
y libera al pájaro de su jaula,
al que cortaste las alas,
a ver si él piensa lo mismo.

Le dejé dormir
porque no había otro sueño que soñar.
Le dejé soñar
y voló de mis manos prisioneras.

Alguien dice,
y en su ignorancia 
no cabe más vanidad.



Pintura de Johnny Palacios Hidalgo, Perú 1970.

jueves, 8 de agosto de 2013

Ríos

Ríos,
ríos que no alcanzan
la espuma de tus mares,
aguas descalzas que se pierden
y no encuentran el camino hacia su casa.
Ríos,
ríos de lluvias atrevidas
que fueron el llanto de tu brisa,
gotas desnudas que se hunden,
labios líquidos besando la nada.
Ríos, muchos ríos
tienen su lecho en mi almohada,
riegan los pensamientos que florecen
en las miserias del alma;
ríos, que no ríen
en las lagunas del alba.



Pintura de Chelin Sanjuan, Zaragoza 1967 España.

domingo, 4 de agosto de 2013

CARTA PARA UN AMIGO

   Puso precio a la mañana una tarde de abril, junto al surtidor de penas, donde las palomas. A menudo engañaba a los espejos con rápidos movimientos de las manos, de los pies, acelerando al máximo la misión del reflejo. Pero hoy, abatido y confuso, era el espejo el que le engañaba a él, con su imagen copiada, con su luz absurda y prestada. La mercancía era volátil: los sueños, cargados de recuerdos lejanos sobre el blanco ceniciento de los almohadones aletargados. Mientras el olor a fraude recorría las calles  el vendedor de sueños se arrimaba a las aceras y, sin parar, repiqueteaba con su boca un sin fin articulado de sonidos que provenían de los sueños de segunda mano, los que había ido intercambiando por otros nuevos a precio de saldo.  Los más abundantes eran los hechos a máquina, rápidos, económicos y precisos; siempre solía ocurrir que la chica decía que "si" y uno se despertaba feliz, pero en realidad a ella le importaba un rábano el soñador. Otros, los más atractivos, eran los de viajes. El pasado mes, marzo, vendió de estos últimos tres, extensos y fantásticos, casi imaginados. Con esta venta compró un sombrero nuevo de fieltro y cascabeles dorados, el resto se lo llevó el estómago y el muy desagradecido lo rechazó al rato. Eso no está bien, los tiempos no están para esas cosas. Son pocos los días que tienen pan en el calendario de los huérfanos, esos que descienden a la bohemia como refugio vital.
   Resultaba triste verlo sentado, tendiendo a sus pies todo aquel género usado. Alguien, de vez en cuando al pasar, disimulando, se proclamaba autor de buena parte de los relatos soñados sin soñar. !Ay, plagiar¡, hay quien tiene mucho arte con este acto de mezquindad.
   El vendedor de sueños tenía en Somni, ciudad dormida, al cerebro de sus obras, un tal Ruá, un tipo taciturno, gran soñador, que después de soñar todo lo soñable se lo  entregaba a este aprendiz de comercial, que trabajaba al cincuenta por ciento, gastos de conciencia a parte.

   Bueno, a lo que íbamos. Decía que hoy le había puesto precio a la mañana, bien, pues a si es, harto ya de ofrecer el género de Hipnos se borró del gremio de los soñadores y temprano se dispuso a vender la mañana. Todo se vende y se compra , lo que tenemos a mano y lo que no está a nuestro alcance. Andaba la mañana llorosa y fresquita, adjetivos que propiciaron una oferta que pronto se la quitaron de las manos. Una mujer, gordísima y apretada, de mejillas rojizas, se la llevó en una bolsa junto a un manojo de acelgas y un cuadernillo de notas. Y así, como se la llevó, se hizo muy pronto de noche, y esta venía cargada de estrellas que colgaban de lo oscuro como lentejuelas de trajes largos, de gala, negros y brillantes. Vender el traje largo de la noche sería una buena idea, y sin pensarlo dos veces, sin tan siquiera soñarlo porque el único que soñaba era Ruá, cogió unas tijeras y endilgó la prenda. Las mangas de farolillo, en la derecha la Osa Menor y en la izquierda otra constelación, la de Cáncer. Luego la falda que casi se lleva todo el firmamento. El cuerpo entallado, discreto, y media luna sobre un hombro  del que colgaba una larga tira de oscuridad salpicada de anillos de saturno que las veces hacia de fular y otras de cola de cometa. 

   Sobre las once ya no olía a fraude sino a burdel barato, vino tinto y salsa picante que ponía nervioso y violento al que no había probado bocado de hembra o de hambre. Una mujerzuela de aspecto raído pasó cerca de él, sujetando un bolso que parecía más estable que ella. El vendedor de sueños y de mañanas, ahora metido en el negocio del pret-a-porter, le mostró el negro escarchado y como era deslumbrante y muy barato  lo compró aquella mujer. Quitándose sus burdos trapitos, lo cual sabía hacer muy bien sin importarle el lugar, se colgó la noche como traje y se marchó pensando: hoy voy a triunfar. Así perdimos de vista al universo, como cuando amanece y parece que ya no existe, torciendo la esquina de la 23. Nos hemos quedado sin noche, sin estrellas, sin luna de cuento.
   El café Maurice estaba muy animado. !Ya decía yo que olía a vino¡ El vendedor entró y tomo un trago tras otro, pero no bastaba beber y beber toda la noche (que ya no lo era porque la vendió y esa mujer se la llevó) para olvidar su desgraciado trabajo: vendedor de todo, vendedor como todos. Así que cambió su oficio y dejó de vender. Ahora "hacía": hacía gracia con su borrachera y la gente se reía vomitando  fuertes carcajadas que caían sobre la cabeza del vendedor-hacedor. Hacía pompas con el licor de su saliva y las regalaba; hacía jaulas de papel  para vagabundos sin cartones, hacía sonoros pasos hacia la nada,  esa lengua larga que lo atrapaba hacia sus propios sueños convertidos en pesadillas alcohólicas, fatídico mal de los vendedores. Le gustaba hacer y por hacer no olvidó hacerse el muerto.
   El hacedor se quedó tumbado sobre las baldosas que tiritaban al son de los hombres necios. Y Ruá, el olvidado, venido desde muy lejos se acercó y le escribió este sueño,  no para que lo vendiera sino para que lo soñara. Y soñando su espíritu se elevó a la cumbre de los creadores, a la teórica ciencia de la pérdida de conciencia de los que se creen ateos, al espacio-tiempo de los filamentos en el universo que perdimos de vista donde nunca amanece.
    
    Y de tarde en tarde, única parte del día que no estuvo sujeta a la oferta y la demanda, Ruá se sienta y escribe:
     Querido amigo: ... ( para no romper la estructura de la carta).



Christian Schloe, Austria.


   
    

sábado, 3 de agosto de 2013

Volarte

I
Volarte la mirada 
y ver caer los hijos muertos,
apedreados,
cansados de intentos;
boca que sangra azules 
y luego se recoge
muda
para que no la beses.
Están creciendo los poros,
veloces,
y la piel escarnio y verde
me está tirando del pecho.

Volarte la mirada
y yacer sobre la angustia de los pinos,
sombrear colinas
en un largo reparar de ojos,
para que no me mientan,
para que no me dejen ver
caudales de gloria...

II
Volarte la mirada
y caminar de regreso;
ese lunar sereno
que se desprende del cielo,
pizarra ciega...

Volarte la mirada
y encontrar solo versos
donde las palabras se abren paso entre lo nuestro:
lo tuyo y lo mío 
por separado es más cierto.
El espacio que ocupas
tenerlo tú,
el espacio que ocupo
tenerlo yo,
teniéndonos en venturas
casi pares,
casi plumas;
y al volarte la mirada
leerte entre los adioses.
Al volarte la mirada
ver caer los hijos muertos sobre las sábanas...



Ilustración para "La condesa sangrienta" de Alejandra Pizarnik, realizada
por
Santiago Caruso.

lunes, 29 de julio de 2013

Humanos

Bordados sobre la espera larga de la vida
nos soportamos,
nos odiamos,
nos encontramos perdidos entre el bullicio
y el agradable aroma de la necesidad.

Doblando las frentes hacia el suelo

creemos imaginarnos,
creemos contarnos
y nos absorben la sangre en las esquinas
lamiéndonos el silencio de las bocas.

Tenemos poco de lo bello.

Tenemos los ojos hartos de naufragar a escondidas,
tenemos las manos deseosa de caricias
y los besos bajo el brazo,
los sentimientos danzando como tontos
alrededor de los cuerpos
y nadie se atreve.

Buscadores de encuentros

lanzados sin temor a la incongruencia,
todos absortos en la inspiración
buscando huellas...buscando saludos;
y de las máscaras,
con uñas pintadas de falsos encantos,
surgen mares en apariencia,
oleadas de idilios sin palabras ni gestos,
mentes de una tarde copiada de otro cuento.

Tenemos poco de lo bello

y nadie se atreve a ofrecerlo.


Serie "Superhéroes en crisis" de Belin.
Graffiti profesional sobre lienzo. Linares (España).



sábado, 20 de julio de 2013

HORIZONTE LIBRE

   Los horizontes, en la ciudad, son gigantescas masas amarillas y sucias, pasos que no escuchan, miles de trapos y plásticos alborotados en las aceras, un paseo largo inundado de parodias. En las esquinas se concentran los miembros de algún niño, la mano de su madre, la cabeza redonda del que marchó al exilio; y al abrir las piernas para comenzar a andar debes tener cuidado de no tropezar con ellos, pues hay muchos, tantos como nombres. Son todos ellos una lágrima en el abismo, un desierto de carne reseca y astillada, un pretexto. Son como tú y como yo pero otros.
  Acercarse a las afueras es llegar frente a un espejo morboso que refleja, en óvalo, el corazón canceroso de la urbe. Siempre desde este lugar se huele a muerte venidera.
   La garganta de este pueblo supura la agonía de la tarde y en verano te incita a destruir el calor que te rodea a lengüetazos burdos. El rostro lo tienes para saber quién eres y la voz no te alcanza entre las tardes uniformes. Con sólo asomarte a las ventanas percibes que la risa se quedó en el pasado y lo que ves, son como pliegues nauseabundos, agitados montes enfundados. Son así, como los pensamientos débiles, que ondulan y flagelan, alejan y son bellos. Y es aquí donde están los valles y las aguas, los manzanos y la embriaguez de las moras.
   Volver es como venir caminando de años atrás. Venir de otro tiempo surgiendo del sendero por entre los sarmientos. Aquí mentí y me mintieron, y en esos días fríos sirvió de poco escandalizarse o atacar. Se asombran los viejos, carcomidos y blandos:
- ¿Tú?, ! tan "chica" que eras ¡ - Y sin decir más, bajo la cabeza y ojalá nunca hubiera crecido.
   Una vuelta a los cinco, al juego y a la acequia ...

   Son sólo unos días y es eterna esta espera. Tenderse al fuerte sol de la tarde es como aguantar sus risas y sentirlas abrasando en las pupilas del náufrago, cada día más distantes de la esperanza, más lejos del horizonte encintado. Se han disuelto en mi frente los humos verdes que acompañaron a la reyerta y muere al fondo, con la sangre-agua a la cintura, la frase errónea, la insistente mancha que deambula de seis a ocho, o por la noche.

   Trataron de mostrarse blancos, pero sus derrames abarrotan las paredes calcáreas, ásperas, limas de hierro punzantes. Así, de nuevo, el pestilente deseo de organización brotó de los labios. Casi era el último amanecer y las manos se aferraron al aroma que tu y yo sabemos. Y la niebla era un reptil de fría córnea deslizando sus pechos de luna sobre los pinos inexistentes. Mientras, la muerte, en el columpio de la perfección, se lame los mocos de las uñas y somos una en balanceo etéreo.
   Dijeron que los vientos volverían. Serían todos y furiosos. Abandonarían el reposo y vendrían a volar las cabezas marchitas. Pero es tarde, muy tarde. Tan tarde para ir como para volver. Tarde para emprender el único viaje posible, tarde para mirar, tarde para el desgaste y el cansancio. Ni los colores ni las cosas saben que hacer para afrontarlo. Existen largas cabelleras de silencios vanos, ridículas palabras trazadas como amenazas que danzan al abrigo de esas miradas muertas. Muerte, que a la carrera se me desborda por las mejillas y la siento llegar a mi boca y gritarla. Y ese olor tuyo se va ciñendo a mis caderas y a la voz de ese náufrago, mientras mis manos están terminando con una vida, con la de todos, por medio de un ósculo insonoro, incitante y travieso, jugando siempre a andar descalzo.
  Este paisaje tardío que anochece en las olas de sueños interminables está encontrando hueco en mi mente. Este es el crepúsculo en la tierra de los mancos, de los mudos, de los cojos, de los ciegos... en la tierra de no poder conseguir un momento de soledad. En la tierra que te atrapa la sonrisa al primer intento de vencerla.
   Ellos con sus garras punzantes arrasan los campos, destruyen lo que fluye, desmoronan los cuerpos amamantándolos con su blanco hedor, con sus residuos. Son todos y son ninguno. La tarde también los conoce y nadan en un rápido de recuerdos a favor de la corriente; cuando parecen estar medio muertos se levantan y sus gruñidos acuosos te carcomen el alma. Te van preparando, quieren modelarte a su imagen. Quieren una raza única, ausente de vuelos.
   Lástima que la ventana tenga barrotes entrecruzados y que tan sólo haya un destino que nos hace libres...
   
   
PARA MI ÚNICO Y VERDADERO AMOR EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO
20-Julio-2012

lunes, 1 de julio de 2013

Lo que diría él

                                                                      I                                                                         
Usted
que es una señora,
con esas curvas
que son sendas,
sinuosas,
sin puntos de referencia,
donde mi andar
se hace agua
que recorre su piel-tierra,
objeto de mi locura,
la de este pobre poeta
que ha tentado a la guadaña
por sentirla a usted 
más cerca.

  II

Usted,
que ha expiado
todas mis culpas
con su consuelo materno,
siendo la primogénita
de este fastuoso infierno
en el que hiervo contento;
ángel de mi infancia adulta, 
al que dejé levantar el vuelo
robándole algunas plumas
con las que escribo estos versos,
cerca de sus oídos
que son caracoles mudos
que con mi lengua despierto.

III

Usted, señora,
que remienda mis sueños rotos
con el hilo de su boca,
que volverá a volar sola;
cuídese de los caníbales
que devoran a deshoras,
que lo que anduvimos juntos
es recelo de mediocres
que esperan mi hora corta;
usted, 
que es una señora,
ya sabe lo que le digo,
que somos uno en lo mismo
y lo demás es otra cosa.


Arte digital de Marcela Bolivar,  Cali (Colombia).


jueves, 27 de junio de 2013

A las 8´30

A las 8´30
doliente de frío,
torneos de fuego
antes del suicidio.
A las 8´30
sentirte alejado;
mudar los colores
y atar al recuerdo
un nudo muy laxo
y así, poco a poco,
verlo cambiante,
verlo sufrir,
verlo muriendo
antes de morir.

Soledad radiante

como tu nombre,
pegada a los huesos,
amarrada al lumbar
paralizando el tronco,
y no andar.
No andar porque adolece,
no caminar porque también,
no escribirte porque enferma
el cuerpo ausente que te anhela.



Pintura de Tomasz Alen Kopera, Polonia.

martes, 25 de junio de 2013

La noche



La noche se caía
sombreando el muro
con un blanco helado
que amenazaba,
que cortaba la sangre,
que agazapado entre grietas
sudaba malas hierbas
y gris.



La noche se caía
rozando la tarde
que se quedó en la orilla,
con las ondas largas
vai-ven de risas
de violines mancos,
olor en tierra
de otros páramos.




La noche caía y caía,
la noche iba cayendo
y recogiendo lazos.
La noche caía y caía
y yo en sus brazos.



Serie Árbol de la Vida de Peter Mohrbacher (EEUU)
ilustración  del Proyecto Angelarium.

lunes, 17 de junio de 2013

1981

Si alguna vez pude ocultarte
la vergüenza de mi pecho
no me creíste,
pensaste en sólo aquella gota
tremendamente austera de mi pelo
y no me creíste.

Ahora te lo estoy contando,

y no me crees.


Ahora te estoy entregando
todo lo perdido,
y no me crees...

Allí quedaron las hojas grandes,

adormecidas por el otoño vago.
Allí quedaron las cartas
que no leíste, la venganza,
la gota
y todo lo que te voy contando.
Aquí, solo yo.
Hundida en el silencio de esta mesa,
relajada sin el éxtasis de tu orquesta,
tenebrosa y dando a luz
al hijo de la muerte temprana,
el que controla los movimientos de la noche
y asusta  a los sonidos primaverales.

Y recuerda
que si alguna vez te compuse unos versos
no me creíste.


Madeline von Foerster, San Francisco, U.S.A 1975.

sábado, 8 de junio de 2013

Todo en ti

Todo en ti
sabe a boca y secreto.
Las noches, oliendo a cuchillo,
se escapan entre tu voz
y mis pechos,
entre las manos que luchan 
para no morir,
para seguir siendo móviles
junto a los ojos breves.

Como náufragos
en medio de las llamas
y el violín estrellado,
dibujando un perfil,
nos perdemos para dentro.

Todo en ti

surge de la nada
para enlazarse a ciegas
con la tierra que nos soporta,
repleta de vid y desgaste,
que poco a poco y en fútil viaje
quiero ir apartando.

Todo en ti

asalta la mirada y desvanece.
Puedo seguir jugando,
y tú conmigo;
hacer palabras en tropel
ha dejado de ser bello,
tan sólo nos queda 
el orden de las cosas,
el sabor incierto de los besos.

(Valencia -1981)


Alexander Korman, Polonia.



El silencio

Limitose el silencio a no ser solo eso,
se envolvió de recuerdos 
y atado a los ruidos descubrió su otro yo,
peinándose las risas sorprendidas bajo el sol.


El silencio daba gritos desde la esquina
y me recordaba al chatarrero de ayer.
El silencio suplicaba luz
y se parecía al pecado oportunista.
El silencio poblaba la estancia
y su aroma coloreaba la vida.

Fotografía de Jean Agélou  (1878 - 1921), Francia. 
Sus trabajos se centraron en la fotografía 
erótica y el retrato